Historias de la casa.

Sombrero en mano, sentado sobre la banca del parque, imbuido en sus pensamientos; esperaba paciente el investigador privado y poeta de fin de semana, apelativo con el cual se autonombraba él. Robles Matuk tenía la costumbre de trabajar sus problemas de depresión con la contemplación del ir y venir de los paseantes en el parque de la Alameda; esa depresión que lo acompaño desde joven y con la cual tuvo que aprender a convivir a falta de valor parar poder poner una bala en su cabeza. Dentro de sus recurrentes recuerdos y cizañas que intentaba exorcizar en sus múltiples visitas a la banca terapéutica se encuentra las mil y un veces que ha estado a un sólo movimiento de su dedo índice de tirar de su revólver 9 milímetros y dejar atrás todos sus recuerdo


Nunca tan solo como cuando convive con la depresión…

Pero sus demonios por el momento permanecían quietos, tranquilos, y esto le daba la oportunidad de vivir intensa y plenamente cada minuto de su vida.

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