Tres puntos…

Preparó la pluma fuente, sumergió la punta bajo el chorro del agua, miró sobre la charola y contó las hojas suficientes. El café humeante preparaba el camino para una larga noche de desvelo; los depósitos de tinta al tope no serían pretexto para detener las letras, ni los sueños, y  la imagen de los ojos cafés enmarcados en una gran sonrisa lo veían desde una esquina con la gracia de las que saben que con una sola mirada inspirarían a más de un misántropo.

La pluma pulida para los momentos de especial inspiración, daba sus destellos de gala, los mejores; sabía que cada letra que estampara en las blancas hojas podría ser una vida llena de viajes e ilusiones, que la sequía de inspiración del escribano que la había condenado a una caja elegante pero obscura, tenía sus horas contadas. Solamente un desastre de gran magnitud impediría su retorno a los escenarios; pero, sí algo tan sencillo como una mirada de ojos penetrantes la sacó del exilio, que pasaría si esta no hubiese sido lo suficientemente penetrante como para prender el valle de la imaginación. En fin, ella no lo sabría hasta poner el punto final.

Como muchos hechos inspiradores, estos eran repasados una y otra vez por el que los escribiría; regresaba a la emoción de la primera conversación. Si bien es cierto que ya se conocían, nunca antes se habían hablado, hasta que, por un error, éste envió la imagen que desató la aurora boreal de sus emociones, al menos en los de él.

Navidad fue testigo del chispazo que él sintió. Efecto dominio de desesperanza que terminaba con la última ficha en el suelo y daba paso a la luz que hacía casi un año le había abandono, ensombreciendo sus días con amargas vivencias, obscuras emociones y ausencias en el corazón. Emoción que acrecentó el primer día del año y algunos posteriores, y que ahora le llevaban a desenfundar la inspiración.

Tomó la pluma firmemente, acarició sus sueños y posó la mano sobre la hoja brillante. La duda le invadió por unos segundos, regreso a verificar que realmente todo lo que le había llevado hasta ese momento fuera cierto, pensó en cómo iniciar su relato, quiso manchar las hojas con mil y una historias maravillosas. Transformar sus emociones en viejos castillos custodiados por enormes dragones quiso, batallas sangrientas en honor de Aldonza Lorenza pasaron por sus sienes, valles y montañas bañados por pequeños ríos de oro y plata imaginó. Miles de ideas locas se posaron en la punta del estilógrafo, y miles de emociones se agolparon en su corazón, empujándolo a escribir los tres puntos suspensivos más largos y dolorosos de su vida…

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